En plena era digital los problemas parecían simplemente no desaparecer, en medio de tanta solución rápida al alcance de unos pocos clicks, las emociones parecían ser la extraña excepción; la depresión, ansiedad, flojera y similares eran lo único que unía a las personas.
¿Las Apps de citas? Una pérdida de tiempo para los hombres. ¿Las salidas? Mucho acoso para las mujeres.
Al final la solución resultó más simple de lo que se esperaba, por ahí en el norte de nuestro planeta a esos cerebritos de la tecnología se les ocurrió utilizar la Inteligencia Artificial para analizar a las personas, usando la información que las grandes compañías tecnológicas por años habían recopilado encontraron un impactante resultado, casi el 70% vivía en un cuerpo que no considerarían óptimo para sus deseos personales y actitudes.
Tras pensar un poco, la situación era clara, los problemas no eran patologías rebuscadas, muchos de los deprimidos tenían vidas completamente funcionales en la sociedad, con trabajos, familia y relaciones, pero había algo siempre mal. Era algo más simple y más brutal: el cuerpo correcto no siempre había sido asignado.
Los hombres sentían que cargaban con un peso innecesario propio de un rol de proveedor y protector que jamás pidieron y que tan poco valorado era en el mundo moderno.
Las mujeres se sentían expuestas y en peligro en cuerpos que jamás dejaban de ser leídos.
Los jóvenes querían demostrar sus capacidades en un mundo con adultos que a duras penas lograban usar ellas herramientas digitales.
Los adultos querían dejar la aburrida vida laboral y poder relajarse nuevamente como niños.
La reasignación eficaz de cuerpos fue tan necesaria que rápidamente se convirtió en una necesidad global, respaldada principalmente por los gobiernos de América, Europa Occidental, Oceanía, Japón y Corea, teniendo poca presencia en África, Oriente y el resto de Asia.
Las personas de todas las edades comenzaron a presentarse a las oficinas de LifeSwap, no buscaban felicidad, sino coherencia entre su cuerpo y sus deseos.
Entre los interesados se encontraban Aldana y Fabián. Aldana, 21 años, estudiante de administración; Fabián, 42 años, gerente general de una conocida empresa de distribución de fármacos, casado y padre de familia.
Ella consideraba que su valor estaba más allá de ser sexualizada, era una estudiante brillante pero por haber nacido mujer tenía que cuidar su apariencia, deseos y temperamento. ¿Cómo vivir tranquila si todo el tiempo te están desnudando con la mente? Realmente ella no odiaba su cuerpo. Odiaba no poder desplegar sus capacidades. Poder decir no, tener poder y no responder a nadie era lo que anhelaba.
Él era un padre responsable y un esposo funcional, gran trabajo, pero sin sentido. Había hecho todos los pasos ‘de éxito’ pero su vida no tenía emoción. Deseaba volver a empezar sin pedir perdón, ser deseado sin deber nada y con posibilidad de errar en la vida.
Por eso aceptaron la elección del sistema. Claro que al inicio no fue precisamente natural. “¡Tengo chiches!”, “¡Tengo una banana!”, sonó a los instantes de que el ordenador central terminase el intercambio cuando ambos despertaron en sus respectivas sillas. Manos al pecho, luego a la entrepierna. Uno encontraba peso en el primero y vacío en lo segundo, la otra se encontraba con una ligereza en el pectoral que no sentía desde que era niña pero se topó con un chorizo en su cuerpo. Con algo de incomodidad al recordar que estaban uno al costado del otro retiraron sus manos y se despidieron, “¡Chau!”, “¡Cuídate!”.
Aldana salió del edificio vistiendo un traje gris y camisa, que Fabián usaba para las reuniones, se rascó la barba mientras trataba de buscar entre los recuerdos que le fueron dados de Fabián la ubicación del carro. Entro al carro, un Land Rover que sería la fantasía de cualquier chica, con olor a cuero y café. Mientras se acomodaba no pudo evitar sentir las diferencias, hombros anchos, piernas largas y un pene erecto por la emoción de lo nuevo. El tráfico era pesado pero no tenía prisa de ir a ningún lado, nadie la estaba esperando y pudo aprovechar los semáforos para tocar bien su nuevo pene, deteniéndose cuando sentía que comenzaba a mojar su pantalón, algo triste por tener que retener la energía sexual.
Cuando se cansó, se dirigió a la casa de Fabián, dos chicos de 8 y 10 años la recibieron, abriendo la puerta y corriendo hacia ella. “¡Papá!”, gritaron, abrazándolo por la cintura. Aldana se agachó, sintiendo la fuerza en los brazos de Fabián, y los levantó uno por uno, riendo con su voz grave. Jugó con ellos en el jardín: fútbol improvisado y empujones.
Su ahora esposa, Lorena, la observaba a la distancia, cuando entró a la cocina para tomar agua, se acercó a hablarle. “¿Cómo estuvo la oficina?”, preguntó. Aldana sin responder a la pregunta dijo, “Los chicos estaban locos por jugar, ¿no?”. La esposa la miró raro pero se suavizó, “Por fin no me hablas de negocios, andas tan ocupado que nunca tienes tiempo para ellos”, pronunció viendo a los chicos, “Verte ser un buen padre me prende, me recuerda a nuestros sueños de jóvenes”, Lorena se acercó y le dio un beso a Aldana en la mejilla, ella sintió endurecer su verga, Lorena lo notó, “Estaré arriba”.
Fabián ahora en su joven cuerpo salió caminando, ya no tenía carro ni grandes sumas de dinero como para pedir un taxi. Era un cuerpo más suave de manejar pero las tetas lo dificultaban, rebotando todo el rato, sumando un peso incómodo para quien llevaba menos de 20 minutos siendo una mujer. El cabello largo le caía en la cara, y el coño se humedecía sutilmente por el roce que se producía cada que caminaba, cortesía de la vagina con la toalla sanitaria que definitivamente estaba en el calzón.
Llegó a la casa de Aldana sudado por el trayecto La madre de Aldana abrió la puerta, preocupada. “Hija, ¿dónde estabas? No contestabas”. Fabián, con la voz suave de Aldana, sonrió: “Perdón, mamá. Estaba en una cita con la clínica”. Mentira no era. Abrazo a la madre de Aldana pero fue torpe en la maniobra, soltó a la señora apenas se dio un tacto de tetas con tetas y bastante enrojecido subió a su habitación adolescente.
Se desnudó frente al espejo: tetas grandes y firmes, pezones oscuros endurecidos, caderas anchas, coño depilado que ya se humedecía al verse, la piel decorada con sudor. Se tocó despacio, dedos explorando los labios, clítoris hinchado respondiendo con un placer que lo hizo jadear. Entró a la ducha, agua caliente resbalando por las curvas, mano entre las piernas hasta un orgasmo rápido y silencioso, piernas temblando contra la pared.
Los días siguientes fueron acomodándose a sus vidas, trabajo poco complicado si se considera que esos cuerpos y vidas eran precisos para ellos, las adaptaciones resultaban fáciles. Aldana en el cuerpo de Fabián manejaba la empresa eficazmente y disfrutaba escuchar silencio cuando ella hablaba, todos le daban la razón ahora que no tenía ya tetas. Por las tardes lograba empoderarse más aprovechando su nueva vida conyugal, no dudaba en invitar a comidas y hoteles a su esposa, sacarla a bailar, regalarle perfumes.
Lorena también respondió, le abrió sus piernas. Aldana la penetró despacio al principio, sintiendo cómo el coño se apretaba alrededor, luego con fuerza, embestidas profundas que hacían rebotar los pechos voluptuosos de su esposa contra su pecho. Se corrió dentro, semen caliente llenándola, y sintió el placer masculino puro.
Fabián, en el cuerpo de Aldana, mantenía las buenas notas en la universidad, pero se aseguró de tener una vida social activa, fácil al tener el cuerpo de una muchacha atractiva. Salía de fiesta casi todas las noches, dejando ver su escote y apretando su culo. Quedaba con chicos en Tinder, dejaba que la besaran en bares, dedos en su coño en autos estacionados. Orgasmos femeninos rápidos y múltiples lo dejaban temblando, jugos chorreando por los muslos.
Una debilidad femenina a cambio de emociones constantes. Volvía a casa con la madre de Aldana, fingiendo ser la hija perfecta, sin que la señora estuviese al pendiente del intercambio o de la vida de su “hija”.
Buscando dinero para mantener su vida de fiestas y excesos, Fabián decidió postular como practicante en su antigua empresa. Aldana lo notó y facilitó su ingreso a la compañía, ya no como gerente, sino como su practicante/asistente personal. Fabián no hacía mucho, Aldana quería hacer todo el trabajo, ser ella el hombre proveedor, no darle ese gusto a una mujer. Pero cuando se cruzaban en su oficina había una tensión, Aldana cerró la puerta, “¿Cómo te sientes en mi cuerpo, Aldana, es cómodo ser una mujercita?”.
“Tiene lo suyo, me invitan mucho a salir y eso compensa el dolor que es la regla, a fin de cuentas quería algo lleno de emociones y este cuerpo de mujer es todo sensibilidad, es más… me prende verte ser todo un hombre, mandar, cogerte a mi esposa, todo mientras yo me contento con andar de zorra, pues me gusta, me gusta ser una zorrita… y saber que me contrataste para tener otra más, ¿qué acaso no es eso lo que le gusta, ‘señor Hernández’? ¿No tiene sus jovencitas putitas a espaldas de Lorena? Súmeme a esa lista, sé que para eso me puso en este humillante trabajo”.
Aldana bajo la falda de Fabian, dejando expuesto el calzón rosa que también bajó, metió sus dedos en el clítoris húmedo que no dio residencia. Se desabotonó el pantalón y sacó la correa y penetró a Fabián contra la mesa de madera exótica que había mandado a hacer 7 años atrás.
“Mu-muchas gracias, señor”, dijo Fabián al terminar, ambos lucían satisfechos, la camisa blanca de Fabián empapada de sudor dejaba el brasier expuesto, era incómodo acompañado del aire acondicionado pero la mirada de Aldana era clara, debía ponerse la falda para volver a trabajar, así hizo y esperó la orden de su jefe, “‘Aldanita’ hazme un favor y tráeme unos papeles para secarme, cancela mis reuniones, no saldré hoy de esta oficina, aprovecha para refrescarte y prepárate para un segundo round”.
“¡A sus órdenes, señor!”, respondió Fabián. ¿Qué más iba a decir, “no”? Ambos tenían lo que deseaban, Fabián descubría el placer sin cargas ni remordimientos, disfrutando hedonisticamente de la vida, mientras Aldana encontró el poder que tanto anhelaba, sobre el distrito empresarial y su antiguo cuerpo.
Puedes hacer uno donde una anciana y una joven cambian Cuerpos
ResponderEliminarClaro, durante la semana lo hago, recién ando por la mitad de una historia larga de tía-sobrino
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