Tras 12 horas en autobús por fin había llegado a la ciudad, la vista había sido curiosa por tramos, no es como que la costa de un desierto como el peruano sea interesante, pero ocasionalmente aparecían playas y mi gusto masculino se plasmaba sobre el cuerpo de mi prima para disfrutar de la vista de las jóvenes en bikini.
Ah, verdad. Mala mía, olvidé comentarles que hace un día mi prima y yo intercambiamos de cuerpo. No fue una decisión calculada para ser honesto, había sido reunión de día de la madre y muchos de la familia nos reunimos ese día. Justo había partido y varios, incluidos yo y mi prima, tomamos algunas botellas.
Acabado el partido todos fueron a partes distintas de la casa, cada grupo hablando de sus temas: las madres por un lado, algún grupo mixto que ahora eran adultos con las responsabilidades de criar hijos de otro, los más pequeños por su lado y al no encajar en alguno de esos grupos fui a la sala, donde solo me acompañaba mi prima Adriana.
El tema por algún motivo se dio, habían inaugurado la Swap Clinic en Perú. Los intercambios estaban a buen precio y los mayores de edad podían intercambiar sin inconvenientes. Nos dio curiosidad y platicamos de nuestras vidas.
Yo, 20 años, estudiante en una buena universidad. Algo vanidoso, el típico listo perezoso. Quizá no sea un Chalamet pero no estaba mal físicamente, mi prima se río al escuchar que una chica a comienzos de esa semana quería sacarme el número o Instagram en el bus.
Ella, 27 años, arquitecta, titulada de una universidad del interior del país, según ella estaba feliz con su trabajo y sus proyectos, pero ahora que tengo su celular y controlo su vida encontré su LinkedIn lleno de comentarios buscando trabajo, la verdad no quiero ni ver su bandeja de Gmail…
Bueno, continuando con ella, intento brevemente ser modelo por recomendación de alguna amiga pero mi prima no considero que era suficiente para tener una vida decente.
Yo fui quien dio el primer paso, fue algo raro decirlo pero le confesé que por lo menos desde hace dos años atrás sentía una atracción hacia ella por su rostro, obviamente clarifiqué que por respeto siempre controle ese gusto a una mera fantasía.
Ella no se molestó, estaba comprometida con la meta a la que queríamos llegar. Comento que bueno, yo no era la persona más social de la familia pero ella sentía que mi cuerpo tenía potencial, dijo que debería ir más al gimnasio, intentar tonificar y actuar más masculino, confesó que le daba curiosidad mi vida, sentía que por mi familia y universidad podía hacer cosas interesantes, así como explorar el mundo social desde el lado del hombre.
Le extendí la mano, “Estimada prima, creo que aquí hay un deseo común, ¿no? ¿Te parece bien ir mañana a la Swap Clinic?”.
“Totalmente, primo. ¡Ya sé! Tu di que tienes alguna salida con tus amigos, yo alquilé un departamento, te aviso cuando esté saliendo, así podremos ir sin levantar sospechas”.
Por cierto, la Swap Clinic no llevaba mucho tiempo, pero había sido objeto de un sin fin de controversias, muchos grupos la criticaban, se veía venir, así ya había sido en otras partes del mundo.
Los conservadores criticaban que estos métodos desnaturalizan los roles de género naturales, mientras los más progresistas se quejaban del mercado sexual de intercambios y de las conductas sexistas que los hombres realizaban sin pudor alguno en el cuerpo de las chicas que aceptaban intercambiar cuerpos con ellos.
Al día siguiente fuimos a la Swap Clinic. Nos aplicaron la anestesia y según leí seguramente habrán llevado a cabo todo el proceso de tecnología neural, IA, estimulación magnética craneal y mapeo del mapa cerebral.
Cuando desperté ya estaba en el cuerpo de Adriana, sentí el cabello lacio sobre mis hombros, con el extraño peso de la longitud de este, que tan normal debe ser para cualquier mujer. Las tetas de mi prima eran sumamente pequeñas pero pese a ello se hacían sentir extrañas, había un movimiento mínimo y sutil pero rebotaban. El que se hizo sentir fue el pezon contra la tela, cuando lo revise en privado realmente era gordo, nuevamente típico para muchas mujeres, pero raro para un chico como yo.
Lo realmente extraño fue la sensación de vacío entre mis piernas, cuando pasé mi mano tan solo sentí una cálida, suave y húmeda rajita.
Al salir me encontré con Adriana en mi cuerpo, conocía esa cara de excitación de mi cuerpo, aunque su mano firme sobre mi miembro delataba con claridad sus pensamientos.
“Que lo disfrutes primo, he leído que si no lo masajeas tanto se disfruta más, quizá deberías probar darle un día de descanso. Ojo, he leído, soy mujer y pues no tengo pene”, le dije con su dulce y paciente voz.
Adriana me sorprendió con una información mientras paseábamos por los alrededores de la Swap Clinic, mientras aprovechaba para probar comida con mi nuevo paladar y sentir los huesos femeninos al caminar, ella me comentó que mañana por la madrugada tenía que regresar a ‘mí’ ciudad.
Afortunadamente me ayudó, escribió a mamá como su hijo diciendo que saldrían a comer y ver una película con mis amigos, le dije el nombre de algunos con los que suelo salir para que sea más creíble. A ojos de terceros hubiera parecido raro verme a “mi” (Adriana con mi cuerpo) ordenar con tanta normalidad los brasieres, calzones, tangas de su prima; mientras que ella (Yo en el cuerpo de Adriana), confundida y mirando con ese detenimiento propio de las dudas, observaba las pocas prendas que pasaron por su mano, intentando entender la lógica de los huecos y cuestionando la comodidad de estas.
Pese a todas mis dudas sobre la moda del sexo femenino, le pedí a mi prima que dejase fuera un conjunto propio de fiestas, era un vestido de una sola pieza, patrón beige con blanco, falda por abajo y un top por arriba, dejando a descubierto el ombligo del cuerpo.
Caí dormido mientras miraba un video de TikTok coreano que salió en el FyP de la cuenta de Adriana. Sonó la alarma a las 4 de la mañana, guardé la ropa con la que dormí en la maleta y con dificultad vestí el vestido. Pedí un taxi y salí, sufriendo con el peso de las maletas debido a los flacuchos brazos femeninos de mi prima.
Cuando llegó al bus a su destino estaba cansador el celular estaba muerto y no era tan cómodo pasar mis manos por mi cuerpo cuando una señora se sentó a mi costado, fingiendo de entretenimiento el reflejo de mi prima en la ventana y la vista de unos buenos culos y tetas cuando pasábamos por playas.
Gracias a un gran número de siestas incómodas cuando bajé estaba sudando y con el vestido pegado por el calor (tampoco ayudaba la temperatura de 30 grados al bajar). Varias miradas se clavaron en mi, venían de jóvenes, señores, taxistas hasta de alguna que otra mujer, era incómodo… no estaba acostumbrado.
Me pare ahí con una cara neutra hasta que una mano me tocó.
“¡Adriana, mi vida! ¡Aquí estoy!”. Era mi tía. La mamá de Adriana. Honestamente nunca le había prestado tanta atención, seguí parado, poniendo una sonrisa en la cara de Adriana mientras veía la cara de mi tía para no olvidarme, pero no puede evitar fijar mis ojos en sus pechos, grandes y pecaminosos, no como los que su hija había heredado, no sé cómo se haya visto eso, en fin…
Por un segundo me quedé congelado, pero rápidamente reaccioné y le devolví una sonrisa cansada pero sincera, no sabía si era propio de Adriana pero tampoco podía quedarme allí sin decir nada. Rayos… ¿cómo habla Adriana?
“Yeee. Mami… por fin”, dije con su voz, ronca por el cansancio pero principalmente por haber tratado de hablar como hombre.
Ella me abrazó fuerte, apretándome contra su pecho. Sentí mis tetas (las de Adriana) aplastarse contra ella y el roce de la tela sudada del vestido con su blusa. El abrazo duró más de lo normal. Mi tía apretaba fuerte. Sentí un pálpito en mi vagina pero me puse a pensar en el perro de Adriana, que ahora sería mío, para evitar hacer incómodo el momento, ¿que era peor, ser sobrino y sentirme excitado por una muestra de amor de mi tía, ser una hija excitada por cariño maternal o todas las anteriores?
“Ay hija, estás sudada. Este vestido tan bonito y mira cómo te quedó pegado, hubieras venido con algo más cómodo, un pantalón y un suéter, ya acá te lo quitabas por el calor, ¿cómo la hiciste para venir vistiendo así”.
“Quería darte una sorpresa mamá, no bajar del bus vestida como vagabunda. Más como tu princesa, aunque si fue algo incómodo…”, por algún motivo mientas lo decía acomodé mi cabello detrás de la oreja, creo haber visto a Adriana hacer ese gesto.
La tía sonrió orgullosa y me ayudó con una de las maletas (gracias a Dios, porque mis brazos nuevos eran una mierda para cargar peso). Mientras íbamos al carro no paraba de hablarme, que sentía lástima por no haber podido ir a la reunión de día de las madres, que mi vestido estaba bonito, que si quería hacerme las uñas.
Era curioso… sentía cosquillas en el estómago, no de amor, quería descartar cualquier idea así con mi tía, más aún estando en el cuerpo de su hija, quizá era algo más femenino, se sentía bonito que pensase que yo era su hija.
En el auto, con el aire acondicionado encendido, el vestido empezó a despegarse lentamente de mi piel. Crucé las piernas y sentí el roce de los muslos suaves entre sí. Sin darme cuenta, me pasé la mano por el muslo, acariciando la piel. Era tan suave…
Llegamos a la casa. Apenas entré, la tía insistió en que me duchara mientras ella preparaba algo de comer. Subí a la habitación de Adriana, cerré la puerta con llave y me quedé parada frente al espejo grande.
Dejé las maletas frente a este, me acomodé en la cama, notando a diferencia de otras veces comodidad, la grasa del culo hacía que sentarme sea suave.
Pasé una mano por mi frente, aprovechando para acomodar el cabello.
Tan solo dos días en el cuerpo de mi prima, todo era tan extraño. El primer día solo tuve unos pocos minutos para mi, donde sentí las extrañas sensaciones del cuerpo. Por la prisa de armar las maletas me ocupé en otros asuntos y sin darme cuenta me acostumbre a caminar con la altura y peso de mi prima, al cabello, a los colores más vividos de los ojos femeninos, entre otras cosas.
Pero ahora tenía todo el tiempo para mi, para un tiempo de Adriana. Puse mi mano sobre el pequeño pecho, apreté fuerte y sentí la grasa de las tetitas apretarse. Me puse de pie y pasé ambas manos por el culo de mi prima.
El vestido estaba arrugado y pegado en algunas partes. Me lo quité lentamente, dejando que cayera al piso. Me quedé solo con el calzón, no era una pieza de lencería pero era el primer calzón de mujer que usaba. Lo estiré un poco hasta que lo dejé en el suelo con el resto de la ropa.
Quedé desnudo, frente a mí se mostraba en el reflejo a mi prima exhibiendo para mí sus pequeños pechos con lunares, sus gruesos y marrones pezones, su marcada cintura y su trabajado culo en el gimnasio, firme y correcto.
Camine mas hacia el espejo y sujete las tetas con ambas manos. Al apretarlas y peñizcar el pezón solté un suspiro, era… era sensible.
“Que rico primo, dame más…”, me dije al recomponerme, con una mano apoyada en el espejo y viéndome directamente en el espejo con los ojos de Adriana. Observé que mi vagina se mostraba un poco húmeda. Antes de avanzar la tía me interrumpió.
“¡Adriana! ¿Quieres que te prepare tu jugo favorito?”
“¡Si mami! Gracias, te amo”. Tuve que vestirme con lo que encontré bajo la almohada, una delgada pijama de pantalón rosa y polo blanco.
Maldición, ese jugo estaba rico, era de papaya. Tuve mis dudas dentro de mi cabeza al momento de recibir el jugo, no era de mi gusto, pero wow, en la boca de mi prima era demasiado rico. Luego me daré la oportunidad de probar más sabores.
Cuando entré a mi recámara estaba listo para explorar más del cuerpo de mi prima cuando llegó un mensaje. No era un contacto registrado en el celular pero reconocí el número (no te preocupes prima, yo tampoco te tengo agregada pero te perdono por dejarme explorar tu cuerpo).
“Oye, estás solo? 😛”, escribió ella.
Toque el teléfono y empezó a sonar el tono de llamada, me senté en la cama cuando ella contestó.
“Hola, prima- ósea yo?”, escuché decir a mi prima en un tono agudo de mi voz, “Okey, está raro esto… ¿así mejor”, la escuché carraspear y decir lo último en un tono profundo exagerado.
“¿Raro? Dímelo a mí. Estuvo 12 horas en bus exponiendo tu cuerpo con ese vestido, llegué a tu casa, tu mamá me abrazó y se sintió raro, me preparó un jugo por ser su hija, estoy con tu pijama y aún me debo duchar, ¿cómo vas?”.
“Ehhh… estoy en el departamento, antes del cambio hablé con el dueño para ampliar unos días la estadía, dije que por practicidad dejaría las llaves a mi primo. Se supone que llega en una hora, por mientras he aprovechado para masturbarme en tu cuerpo JAKSJA. Imaginé lo que estarías haciendo con mi cuerpo, ¿no fallé, no?”
Sentí un calor subir hasta mi frente. Me recosté contra las almohadas y bajé una mano lentamente hasta meterla debajo de la pijama tocando algunos vellos.
“Todavía no… casi lo hago hace rato frente al espejo, pero tu mamá me interrumpió. Son sensibles estas tetas pese a ser tablas. Adriana, la vagina es rara”, dije lo último mientras sentía pliegues al frotar lentamente esa zona.
La escuché respirar pesado, “Bien, es bueno que estés disfrutando primo, no somos ángeles, si estamos en el cuerpo del otro es por calentura . Hagamos un trato, disfrutemos esto, lo que sea que dure. No te pondré límites, sal, coquetea, acuéstate con quien quieras, sube fotos, háblale a quien gustes, lo que se te de la gana primo. Yo quiero hacer eso mismo con tu cuerpo. Decide que harás con mi novio, ahora soy hombre y ya no puedo ser su pareja, no pretendo que tengas que vincularte a un amor al que eres ajeno”.
Tuve que preguntar sobre algo importante al pasar de ser un joven universitario a una mujer ya titulada, “¿Y qué hay del trabajo? No creo que tu mamá me vaya a mantener o a pagar una segunda carrera. Yo no sé nada de arquitectura prima, me despedirán enseguida”.
“Diablos, inventa algo. Di que vas a tomar proyectos personales, total ahora ya nadie dura más de un año en sus trabajos, y es una excusa muy propia de una mujer. Total, tú también estás casi a mitad de su carrera, lo importante es nuestra libertad. Infórmame de lo que hagas con mi cuerpo”.
“¿De todo? Hay cosas incómodas, pero creo que son importantes, estamos en el cuerpo del otro prima. No sé qué hacer cuando me venga la regla, no sé actuar como mujer… mis pensamientos ahora mismo son todos hormonales, tocar pechos, tocar vagina”.
“Bueno, ya que estamos en el cuerpo del otro, también. Más confianza que esto no hay primo, hemos ocupado estos cuerpos varios años y ya sabemos casi todo, algo raro pero en fin, estaría curioso ver un video de cómo mi cuerpo se besa con alguien sin que sea yo quien se esté besando”.
“Trato hecho entonces, ‘primo’”, susurré, no vaya a ser que ‘mi madre’ me escuche ser una niña pervertida, “Disfruta mi cuerpo, primo. Y yo voy a disfrutar el tuyo como se merece”.
“Bien, ya lo estoy haciendo. Pórtate mal Adriana. Mantén el contacto”.
Colgó y me quedé mirando el techo rosado del cuarto mientras
escuchaba el sonido que comenzaba a hacer la vagina húmeda de mi prima. El
corazón más pequeño de mi prima latiendo fuerte, lo sentía en los oídos y sabía
bien porque, nadie sabía de nuestro intercambio.
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