Hola mi nombre es Miriam Rodríguez y soy una mujer mexicana de unos 27 años pero esto no ha sido siempre así. En el pasado yo era Enrique Monzon un chico colombiano de 19 años.
Mi vida era genial, por tomarme un año sabático antes de entrar a la universidad pude formar un físico increíble y todas las chicas estaban encantadas y llenas de ganas de salir conmigo. Por más que varias de mis amigas en la universidad hacían de todo para besarme y empezar una relación conmigo yo siempre las evitaba ya que desde los 13 años yo había puesto mis ojos en la niña popular de mi promoción, Mariela.
En el colegio nunca me había dado bola ya que además de estar fuera de forma yo pasaba el tiempo con los chicos raros. Afortunadamente gracias a mi físico ella no dudo en hablar conmigo y en menos de lo que yo esperaba ella respondía todas las stories que subía de mi abdomen o cualquier foto sin playera. Quedamos en salir y para mí sorpresa teníamos demasiado en común, quedamos para una segunda cita y pocas semanas después bajo el ruido de la fiesta y el alcohol nos besamos y nos oficializamos como pareja enamorada.
Un día me levanté y me sentía raro, fui corriendo al baño mientras que sentía algo saltar y golpear mi pecho y tenía que fuese una pesadilla donde estaba gordo. Lo que vi fue mucho peor, estaba en el cuerpo de una mujer y algo subida de peso también.
"¡Ahhhhhhh!"
En eso vino una señora preocupada abriendo la puerta.
"¡Miriam, hija mía! ¿¡Estás bien!?"
"Si, señora."
"Ja, señora… muy chistosa hija. Si no te conociera pensaría que fuiste afectada por esa cosa de la tele, el Gran Cambio le dicen".
"¿El gran cambio?"
"¿No has visto las noticias? Un montón de personas afirman haber cambiado de cuerpo. ¡Tu tía Helena nos pasó un video tocándose por el grupo! ¡Es religiosa hija, religiosa!"
"Que feo ma, mejor déjame cambiarme para en un ratito ver que pasó con la familia".
La doña se fue y me dejó solo. Al instante mi cuerpo empezó a sonrojarse. Tenía el cuerpo de una mujer para mí solo, claro que siempre pensé en tocar a una mujer (especialmente a Mariela) pero ahora por algún motivo yo estaba en el cuerpo de una y no lo iba a desaprovechar. Claro que tome algunas medidas de precaución, cerré bien la puerta ya que la doña andaba bien preocupada con esto del Gran Cambio y me metí en la boca una pequeña pelota que esta chica tenía por su cuarto.
Bajé mi mano por mi barriga y la verdad me daba asco sentir esos rollos de grasa pero la suavidad de la piel me impulsó a seguir hasta que llegué hasta el medio de mis piernas. A veces en mi tiempo libre llegué a preguntarme cómo era tener una vagina, y ahora tenía la oportunidad de descubrirlo. Era una delgada línea húmeda y cálida. Sería imposible para mí describirla, pero su textura me excitaba más y más. Empecé a tocarme como una puerca y esa bola evitaba que mis gemidos fueran escuchados afuera del cuarto.
Pensaba en cómo sería vivir como una mujer. Como se sentiría este cuerpo al caminar por las calles, como me vería la gente, como me tratarían ahora que soy una mujer.
Esa idea me excitaba. Me tiré en la cama, cerré mis ojos y dejé a mi mente hacerme gozar mientras me tocaba. Gemía suavemente, perdido en el placer. Los sentimientos eran intensos y no podía parar, pronto llegué a un clímax y cuando líquidos empezaron a salir disparados hacia la cama, mis piernas y manos por fin pude estar satisfecho.
Los siguientes días y semanas tuve que fingir ser esta chica, Miriam. Intenté hacer algo de ejercicio pero su madre no me dejaba hacer nada y más bien me llevaba a comer tacos en la esquina y más comida chatarra. Me vi forzado a socializar con sus amigas y por varios meses viví como Mirian, llegando a olvidarme aveces de mi vida anterior más que todo por los pocos ánimos que me transmitía mi “madre”, evitando que modifique algo de la rutina de Miriam por más que creyese que realmente era ella.
Una tarde en las que mi madre me obligaba a sentarme con ella a ver las noticias y la farándula pudimos ver un reportaje donde una ONG ofrecía ayuda a los afectados por el Gran Cambio a recuperar algo de su vida original pese a no estar en su mismo cuerpo. Mi madre se reía ya que pensaba que todos los afectados eran marranos que solo se manoseaban en sus nuevos cuerpos y que no merecían nada de ayuda.
Ya se imaginan su cara de sorpresa al ver a su hija marcharse junto a un grupo de la ONG y como despedida me estruje los pechos por delante de ella, a la vez que le recordaba el infierno que me hizo vivir.
Finalmente regresé a Colombia, estaba emocionado por volver a mi país, pero también tenía nervios por no saber cómo sería recibido por mis seres queridos. Mi familia se quebró en lágrimas al verme, Miriam al parecer en mi cuerpo se fugó y nunca regresó por lo que mis padres estaban muy felices de tenerme devuelta. Mi madre si me apoyó a intentar volver a mi físico previo y me invitó a unirme a clases de baile y CrossFit con ella, quizá no sean pesas pero ahora que soy una mujer tendré que empezar por algo. La única que se encontraba algo enojada era mi hermana al ya no ser la más chichona de la familia.
Una vez arreglado todo el asunto con mi familia me puse a buscar como loco a Mariela, no vaya a ser que también haya sido afectada por el Gran Cambio y me encuentre su cuerpo tocándose públicamente. Afortunadamente no fue así y ella seguía con su vida, recordé su rutina diaria y la intercepte en el bus. La verdad hubiera elegido otro lugar para confesarle mi identidad ya que se volvió loca y hasta casi me clava las uñas pero logré sacarle una reunión en Starbucks.
Me senté y esperé, ella no llegaba… Tenía miedo de que no fuera a asistir y que piense que era una simple loca más de la ciudad. No era mi culpa haber despertado en el cuerpo de esta chica al otro lado del continente…
Ya me había tomado unos dos Frappuccinos, me olvide comentarles que este cuerpo ama la azúcar, cuando vi a mi amorcito entrar al local, llevaba una casaca de cuero oscura que le quedaba preciosa. Se sentó al lado mío y con una voz fría me dijo, “¿Enserio eres Enrique?”. Me puse a llorar mientras le conté todo lo que tuve que vivir como Miriam hasta poder regresar a Colombia 🇨🇴
En sus ojos vi que me creía pero a la vez tenía dudas de continuar conmigo a no, no solo era ahora una mujer también me llevaba casi diez años en edad. Pensé que por ser ahora una mujer rellenita no me iba a hacer caso por no tener más abdominales o músculo, estaba listo para lo peor cuando ella agarró mi mano y me dio un beso en el cachete. No estaba lista todavía para besar a otro mujer en la boca pero intentara hacerlo eventualmente por mi.
Volvimos a nuestros planes de toda la vida, íbamos a pasear por la ciudad, pasábamos la tarde en la casa del otro, íbamos al cine pero esta vez las dos con falda. Incluso ahora que éramos mujeres las dos podíamos maquillarnos la una a la otra, hablar de chismes o de nuestras telenovelas favoritas y lo que más me gustó fue ir al baño juntas. Siempre que salíamos tenía que esperarla un buen rato pero ahora que soy Miriam podía perfectamente entrar junto a ella. Siempre nos aseguramos de entrar a los cubos de inodoros colindantes y es bonito ver su pierna así como oírla mientras hacemos lo nuestro. Claro que ella no lo sabe pero es un gusto culposo y secreto mío.
Un día como cita se me dio por invitarla a una reunión de lesbianas que había en el centro de la ciudad. Ella estaba bien escéptica a asistir, su familia era conservadora y ella también, pero tras el Gran Cambio los LGBT han sido muchísimo más aceptados al estar dentro del cuerpo de hombres y mujeres varios mujeres y hombres respectivamente. Además ahora que salimos al ser fisiológicamente ambas mujeres somos lesbianas. Al final logré convencerla y nos divertimos un montón.
Tras el gran cambio los lesbianas dejaron de ser amargadas sociales comunistas gracias a que casi todas hemos sido hombres previamente. Fue increíble, pude hacer varias actividades como hacía antes siendo un varón, preparé la parrilla y jugamos unos partiditos de fútbol mientras que Mariela me veía enamorada, sintiendo aún a su hombre dentro de este cuerpo de mujer. Tras una larga tarde de alcohol donde nos la pasamos hablando de tetas, culos y las mejores modelos actuales Mariela y yo decidimos irnos a descansar a su casa aprovechando que sus padres estaban de viaje.
Asistir a esta actividad de lesbianas abrió la mente a Mariela quien ahora ya estaba convencida de ser mi pareja para siempre. Ella pensaba que el hombre que conoció se fue perdiendo en Miriam pero por fin le pude demostrar que ese hombre sigue existiendo pero dentro de este cuerpo de nena. Me pidió dormir juntos y si era posible solo usando ropa interior.
La habitación de Mariela se encontraba algo iluminada por la tenue luz de la luna que pasaba entre la cortina y creaba un ambiente romántico para la pareja de mujeres. Enrique y Mariela estaban recostados en la cama, abrazados y besándose mientras sentían el calor del otro. Después de varios meses de salir nuevamente, habían decidido dar un paso más en su relación y tener s3xo por primera vez.
Enrique acarició el cuerpo de Mariela, sintiendo su suave piel de mujer. Mariela respondió al tacto acariciando suavemente los senos de Enrique y jugando con sus pezones erectos. Ambos estaban perdidos en el momento.
Enrique comenzó a explorar más y más el cuerpo de Mariela con más intensidad, besando su cuello y pecho mientras que con su mano acariciaba su clitoris. Mariela gemía y se arqueaba de placer dejándose llevar por la intensidad del momento. Luego Mariela hizo lo mismo para Enrique hasta que ambos llegaron a un punto de clímax y soltaron todo en un orgasmo intenso, sellando su amor pese a que Enrique haya pasado a otro cuerpo siendo ahora una firme pareja de lesbianas.